EDITORIAL

¡Nuestra necesidad imperiosa de reconocer nuestro origen en Dios!

“Al estar aislados de Dios, quién nos engendró, estaremos expuestos al desorden y a los constantes vacíos.”
¡Que absurdo!. Parece mentira que en este tiempo se tenga que defender lo obvio, lo correcto, lo que corresponde a lo elemental y lo que tiene un absoluto sentido común!. Me refiero a toda la descomposición social que tenemos en todo el mundo y a todo nivel.
Esto es sencillamente desviación mental al máximo. Es el desenfreno, el desequilibrio a su máxima expresión; es un atentado a los valores, a la moral, a la ética, al respeto por la humanidad, es un abandono total de las directrices divinas que en su consideración y aplicación dignifican la vida humana. Es, en otras palabras, una locura, una ceguera total.
Es una agresión directa a la integridad del individuo y lo que es peor, pretender incluso que las aberraciones del hombre se consideren como un modelo de vida para nuestra sociedad es lo más ruin.
Definitivamente no respetar a Dios es la peor miseria en la que el hombre puede caer. Al ser humano que vive en estas condiciones bajas y a todo aquel que vive en desorden, por estar complaciendo su concupiscencia carnal, dejando que su “corazón” carente de principios dignos le dicte lo que se le ocurra, les digo lo que Dios dice: “Dios nos ama a todos por igual… Su gracia y Su amor nos tolera y nos llena, pero Dios no ama ni tolera nuestras inmoralidades y desenfrenos o aberraciones; lo que el mundo quiere hacer es mostrarse al mundo tal cual son y que nadie los desapruebe.
¿Pero de qué sirve que a base de astucia, quieran no ser rechazados por la sociedad y si ser aprobados por esta misma? si ustedes se hacen rechazar por Dios, debido a sus obras de inmoralidad!
Podrán legalizar sus errores o “pecado” pero a la vez tendrán que beber de su propio elíxir que se han preparado y eso los va a indigestar y a envenenar más!.  Eclesiastés 12:8-14 “El fin del discurso es: “Temamos a Dios y apliquemos sus mandamientos… para esto es que vivimos y no para darle gusto a la carne o al “corazón” desequilibrado.